MIRAMAR: A 42 AÑOS DEL DESASTRE NATURAL QUE CAMBIO SU HISTORIA

MIRAMAR: A 42 AÑOS DEL DESASTRE NATURAL QUE CAMBIO SU HISTORIA

18 mayo, 2020 0 By Cristián Costa - Redacción EL TIEMPO

Miramar tiene un vínculo de amor con la laguna Mar Chiquita, la misma que acaricia con sus aguas, las orillas de un poblado que se levantó con todo su esplendor aprovechando sus beneficios, pero que también se vio traicionado por su severo enfado, el mismo que incluso en alguna ocasión casi provoco una separación.

Unas 37 manzanas del centro turístico sufrieron las consecuencias de la inundación

Podría ser la historia de una relación de pareja, una relación donde no faltan alegrías y satisfacciones, aunque oscurecidas por épocas de tempestades y momentos difíciles, pero es la de un pueblo asentado en una maravilla natural, que a pesar de todas estas vicisitudes, no se rindió a continuar su relación ligada íntimamente con el Mar Cordobés

El mes de mayo será siempre recordado por los habitantes de Miramar, quienes allá por el año 1978, sufrieron una de las peores catástrofes naturales de su historia al anegar las aguas de la laguna gran parte del poblado, sumergiendo unas 37 manzanas que conformaban la planta original y céntrica de la población, significando que la gran mayoría de las inversiones turísticas se perdieran por completo, quedando numerosas viviendas, brillantes complejos hoteleros y lujosos comercios bajo el agua, con la consiguiente emigración masiva de sus pobladores.

Así Miramar paso del esplendor del turismo como medio económico a sobrevivir durante todo ese periodo con pocas alternativas como la cría de “nutrias” con fines peleteros.

Lenta y gradualmente en los años 80, la población fue recuperándose con asentamientos que se fueron ubicando en la zona sur del plano original de la localidad, y aunque en el año 2003 la laguna volvió a mostrar su “enojo”, Miramar fue recobrando el esplendor, como aquella perla del turismo cordobés que se potencia a nivel nacional e internacional, la misma que en estos tiempos sello su relación con la laguna ostentando su apellido, “de Ansenuza”.

El recuerdo de Mariana Zapata

Mariana es la reconocida guía del Museo Fotográfico de la Cooperativa de Servicios Públicos de la localidad de Miramar, una conocedora y analista de la historia de esta población que suma por su tarea de manera permanente, datos destacados de la vida casi novelesca de una localidad que ostenta con orgullo la demostrada grandeza de sus habitantes, quienes no bajaron los brazos en los momentos más difíciles.

Aquí compartimos un fragmento de su recuerdo publicado en su página de Facebook “Había una vez…”

“Pensar en poblaciones resilientes es pensar en mi lugar de nacimiento. Algunos la conocieron como “La Mar Chiquita”, otros como Mira-Mar, la conocí como Miramar y hoy sigo acá pero con un nombre un poquito más largo: Miramar de Ansenuza. Diferentes títulos para una misma historia, aunque vos y yo sabemos que “la Mar” se siente en el corazón y que ese olorcito a sal que cala el alma es una marca indeleble de arraigo y amor al terruño de cada uno de los miramarenses.

Y tocó contar sobre uno de los momentos más difíciles de nuestra historia, acompañado por un álbum aún más duro. Ilustrar el desgarrador momento nos va a servir para seguir aplaudiendo enérgicamente la capacidad de adaptación y resiliencia del habitante, que nunca bajo los brazos…

Las primeras grandes lluvias de enero 1972, no presagiaron la catástrofe de años posteriores. La Mar Chiquita se reponía de una gran sequía y hasta pareció un gran beneficio por esos días recibir un gran milimetraje. Las aguas llegaron al borde de la rambla siendo todo esplendor y armonía.

Fue a finales de 1976, cuando los grandes y torrenciales aguaceros comenzaron a ser sentidos especialmente en la zona rural, por ser el sector más bajo. Colonia Müller sufrió el avance lento e irremediable de una laguna que nada parecía detener. En poco tiempo quedaron anegados y destruidos los puentes que la unían a la localidad, los llamados Puente de Barbero y Cristalli. Los pequeños y grandes criaderos de nutrias comenzaron a planear el exilio ya que poco se podía hacer. Las granjas cercanas al espejo de agua comenzaron a ver anegados sus sembradíos y plantaciones de olivo. Aunque poco lo mencionemos el campo también sufrió el acecho de la mar.

Mientras tanto en el ejido urbano y unos meses después, ya entrado el año 1977, el avance de las aguas fue inevitable. La fuerza de la naturaleza embistió con todo su poder sobre la única población ribereña de la Mar Chiquita. Los esfuerzos por detenerla fueron en vano: bloques de cemento, bombas de agua, barricadas de escombros, bolsas de arena… nada logró apaciguar su furia y el habitante cayó de rodillas reconociendo una segunda derrota. Fue una lenta agonía en donde quedaron anegadas: 37 manzanas (60 % de la localidad) 102 hoteles (90% de la infraestructura turística), 198 casas de familia, más de 60 locales comerciales y una tradición de pueblo de origen turístico. Las lágrimas de la diosa Ansenuza se mezclaron con las del miramarense en una réplica de dolor e impotencia.

Elda Bima vivió cerca de la laguna y nos relató su experiencia:

“La inundación para nosotros como para todos fue muy triste. Por el año 1977, la laguna crecía, los hospedajes de la costanera ya no podían trabajar porque filtraba el agua.

Era común entonces dormir con la mano colgada del colchón para sentir cuando te llegara el agua, era una sensación horrible. A muchos de mis vecinos le había entrado y se habían tenido que mudar.

La municipalidad había hecho un paredón muy grande, con bombas extractoras que sacaban el agua que filtraba, nos proveían el gasoil pero había que hacerle guardia. El 17 de mayo de 1978, Alfredo, mi esposo había hecho guardia hasta las cuatro de la madrugada y entró otro hombre, y fue él, el que a los gritos avisó a todos que la laguna había roto la pared y se nos venía el agua. Fue terrible, yo nunca pensé que el agua llegaría a casa, es más, mi esposo quería ir sacando cosas mucho antes y yo le decía que a casa no llegaría nunca y esa noche llegó…nos cruzábamos con las mesitas de luz en brazos hasta a parrillada de Sampo que era más alto, sacamos lo que pudimos hasta que a la mañana la municipalidad mandó gente que nos ayudó.

Teníamos mosaicos para poner en la casita, ahí quedaron y ahí estarán. Nos mudamos a la casa de mis padres, fueron días de mucha tristeza e incertidumbre, nunca perdí la esperanza de volver a mi casita… no se puede explicar lo que se siente, ves que la laguna avanza, pero siempre pensas que a vos no te va a llegar y cuando llega pensas que ya se va a ir… en nuestro caso y en el de muchos nunca se fue. Es como una secuela de guerra, porque cuando llueve mucho aparece la pregunta: ¿qué hará la laguna ahora? Y mirá que ya han pasado muchos años…

Ese barrio a donde estoy ahora se hizo para la gente que había perdido la casa, mi esposo y mi hija se anotaron y salimos gracias a Dios sorteados, eso nos dio un poco de alivio…

Hoy 17 de mayo de 2020, a 42 años de aquella noche, la casualidad hizo que reviviéramos el momento, y les aseguro que al escuchar a la entrevistada la angustia sigue ahí, imperceptible a simple vista pero intacta.

La creciente más dura, perpetuada en la memoria del habitante duró varios años, 1977- 1985, más de la mitad de la población emigró, hubo quien enloqueció de dolor, otro que murió de pena y aquellos valientes resilentes que se quedaron, se pusieron de pié y transformaron esa triste realidad. ¿Parecen solo números verdad? pero eran historias de vida, anécdotas, y sueños que sin esperarlo pasaron a formar parte de la Mar Chiquita. Fortaleza, capacidad de adaptación, arraigo. Admiro a cada uno de estos luchadores que a pesar de todo decidieron quedarse y seguir.

Esto También pasó en Miramar de Ansenuza hace algún tiempo atrás…

MILLONES DE GRACIAS DANIEL FRANCO y OTHO FREUDEMBERG POR COMPARTIR ESTAS IMAGENES!!! (Año 1979-1983)